EMDR ¿el futuro de la psicología?

El EMDR, que constituye las siglas de «desensibilización y reprocesamiento por el movimiento ocular» es, sin duda, un gran avance en el mundo de la psicología. Anteriormente era únicamente utilizado en los soldados que llegaban de una reclusión con traumas emocionales, tics, etcétera. Sin embargo, en la actualidad se utiliza constantemente en este ámbito: traumas de niñez, fobias e incluso pequeñas ansiedades (como sería el odio a una comida en especial).

Pero ¿de qué trata este método? Pues bien, imagínense que nuestro cerebro funciona como nuestro aparato digestivo. Este último tiene la capacidad de digerir los alimentos que tomamos y eliminar lo que no sirve, pero, si nos excedemos, el sistema colapsa y nos empezamos a encontrar mal, porque nuestro cuerpo no puede digerir bien esos excesos. Pues en nuestro cerebro funciona igual: él está preparado para digerir todas nuestras vivencias y eliminar lo que no sirve, pero cuando pasamos por una experiencia que supera su aguante y no es capaz de digerirla, es como si quedara una «bola oscura» que contiene emociones, pensamientos e imágenes dañinas para uno mismo. Y cuando en el presente te encuentras en una situación similar, instintivamente las interconectamos y aparecen los mismos síntomas, aunque una situación no tenga que ver con la otra.

Lo que hace el EMDR es atacar a esa bola dañina, procesarla, desensibilizarla e integrarla con los demás recuerdos. Esto no quiere decir que lo olvides, sino que le quita importancia. ¿Nunca han pensado «¿cómo puede seguir molestándome esto»? Pues el EMDR consigue que no te moleste, pero no que te de igual. Pongamos como ejemplo a una persona que a sufrido maltratos en su niñez y ahora, en su edad adulta, se encuentra con ese acosador y la persona sigue odiándolo, o sintiendo miedo por lo que le había hecho. Pues con el EMDR esos malos pensamientos pasarían a «me ha hecho daño, es una putada, pero me da igual».

La forma de llevar a cabo este método es tan simple como el nombre indica: únicamente utiliza la estimulación bilateral, que provoca el movimiento de los ojos de un lado a otro. Esto se hace a través del movimiento de ojos, sonidos o toques que el especialista realiza tanto en las manos, rodillas u hombros alternamente, y así el paciente sea capaz de procesar experiencias dolorosas. De este modo, el EMDR no se centra únicamente en lo verbal, sino que también en las sensaciones del cuerpo asociadas a las experiencias traumáticas que se están tratando. “Se sabe que para poder elaborar y procesar adecuadamente los traumas hay que considerar el cuerpo, que es donde queda registrada la experiencia”, decía María Eugenia Corbalán, psicóloga clínica infanto juvenil y terapeuta familiar, que realiza el EMDR.

Otra distinción que define este método tan peculiar, es que el paciente es el protagonista de su propio proceso y es quien lleva el control de la terapia. El terapeuta solo es un guía en el proceso. “En este sentido el EMDR confía en la capacidad autocurativa que tienen las personas de sanarse a si mismas”, añade la psicóloga.

En conclusión, desde la primera vez que se utilizó, en 1987, y en la actualidad, el EMDR se ha desarrollado positivamente. Se han formado ya más de 100.000 terapeutas en más de 75 países que utilizan este método, y los estudios de experiencias clínicas, de sus bases neurofisiológicas del trauma y el almacenamiento de los recuerdos, siguen avalando su eficacia. Personalmente, me parece asombroso que con unos simples movimientos, los especialistas sean capaces de sanar heridas tan profundas como puede ser violaciones o accidentes. Y por lo tanto, para mí, el EMDR sí es el futuro de la psicología.

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